Dueña de una cafetería contrata a un vagabundo – 2 semanas después encuentra en la cocina...



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Los momentos difíciles pueden darse en cualquier momento y cuando menos lo esperamos, puede llegar una época oscura a nuestra vida. No es sino hasta que llega una mano amiga que podemos salir de ella y ver de nuevo la luz, así lo vivieron Marcus y Abigail, los protagonistas de esta historia. 

Ella era una joven que había abierto un café en Minneapolis, Estados Unidos. La economía no era la mejor y aunque necesitaba personal no podía pagar mucho, estaba en esa época crucial para un negocio donde se decide si se mantiene abierto o no. 





Mientras manejaba rumbo al café después de comprar unas cosas que necesitaba, se topó con Marcus en la esquina de un semáforo. El hombre estaba sucio, no había comido en días y le pidió unas monedas, Abigail se sorprendió por lo honesto de su sonrisa y le preguntó al vagabundo si no preferiría ganárselas, minutos después, Marcus estaba trabajando en el café. 

Abigail le dio permiso de dormir en la bodega, acomodó un colchón inflable, algunas cobijas y artículos de higiene para que pudiera asearse. Marcus no tenía palabras para agradecerle, era la primera vez en mucho tiempo que se sentía como una persona y que era tratado como tal. 




Por el momento Abigail no podía pagarle, pero le daba un techo y sus comidas del día, Marcus estaba feliz y ayudaba en todo lo que podía, se encargaba del aseo de la cocina, acomodaba las compras y lo demás que se ofreciera. 

A la semana el negocio iba mejor y Abi por fin pudo darle un sueldo a Marcus, él le pagaba todo lo que consumía, se sentía honrado de hacerlo y una semana después pasó algo increíble. 


Cuando Abi venía de hacer las compras de la semanas vio a una mujer vagabunda comiendo con Marcus en la cocina, no hizo preguntas, solo acomodó todo y se fue a atender la caja. Un par de horas después Marcus le contó que era una mujer que había conocido en la calle, había tenido mala suerte igual que él y había decidido darle una comida diaria con su sueldo, Abigail rompió en llanto y no podía detenerse, estaba impresionada por el gran corazón de Marcus y los frutos que había dado ese encuentro en el semáforo donde lo conoció hace dos semanas.




Este es un ejemplo de que los que menos tienen a veces son los que más dan y que no debemos juzgar a las personas por su apariencia ¿no te parece increíble?



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